Ya han pasado unas semanas de que se anunciaron los premiados por el World Press Photo 2017, y por lo tanto, ya se ha calmado la tormenta. De momento no sentiremos hablar del WPP hasta cuando no se expondrá en Barcelona. No es demasiado, pero es suficiente.

Cada año, el WWP es el tema principal de periodismo y fotografía. Y me da una pereza terrible.

Me da pereza quien sólo en este momento se interesa de fotografía y periodismo. Totalmente equivalente a interesarse de fútbol un golpe cada 4 años cuando juega la selección el mundial. Con el problema que de World Press Photo hay un al año.

Me da pereza que entre fotógrafos se genere el debate del si era una buena foto o no, del si te gusta o no, del que piensas de los premios, del como va lo WPP si está como caducado, o yo que sé. Es bastante aburrido tener que aguantar estos debates porque no aportan realmente nada ni al periodismo, ni a la fotografía. Las podemos evaluar y pensar, como son, que nos generan, que sentimos.

Pero no. El debate este año ha sido si la foto premiada valía o no la pena, si era ético o no poner la foto de un asesinato (o de un asesino). Cosa que en otros golpes se ha hecho y ningún problema, han entrado en la historia de la fotografía. Además se tiene que decir una cosa: mucha más gente ha visto aquella foto antes de recibir el premio, respecto a las ediciones pasadas. Porque dio más vueltas por las redes, porque era más potente, por muchas razones. Pero esto creo que sea un hecho inconfutable. La foto del 2014, por ejemplo, que era muy buena y muy impactante, nadie la había visto. Este año, al menos, se ha hablado correctamente de fotografía y de periodismo a la hora.
Y además hay otra cosa que me hace mucha mucha pereza: la mitad del que habla del WPP o lo va a ver, no se recuerda cuál fue la foto premiada en 2010, para poner un año cualquiera. Y sólo han pasado 6 años. Cosa que, desde mi punto de vista, denota una carencia de cultura fotografía importante.

Cómo último nivel de pereza es el espectáculo que se ha generado respecto a este premio. Todo el mundo la espera, todo el mundo lo comenta, todo el mundo lo habla. Pero se ignoran otros premios, que son menos mediáticos, pero, creo, más valiosos. Por ejemplo, pocos son los que se dignan a ver trabajos espectaculares como los premiados por Robert Capa Gold Metal (como el último de Bassam Khabieh, de un hospital de campo a Damascus, que vale la pena ver, porque es sencillamente brutal). Por qué? Porque después no se hace una exposición, no se hacen libros, no se hacen artículos en todos los medios, incluso los locales.

En la sociedad del espectáculo, se pulsaba el espectáculo, en este caso el World Press Photo. Y a mí, todo esto, me da pereza.